El efecto “ya qué”
Cuando una galleta se convierte en “ya arruiné todo”
“Ya me comí una galleta… ya qué.”
“Ya rompí la dieta, mejor empiezo el lunes.”
“Ya comí mal hoy, aprovecho y mañana lo hago bien.”
Tal vez alguna de estas frases te resulte familiar.
Ese “ya qué” suele aparecer cuando hacemos algo diferente a lo que habíamos planeado y sentimos que, si ya no lo hicimos “perfecto”, entonces ya no cuenta.
Y muchas veces el problema no es la galleta, el postre o el cambio de planes. Es todo lo que hacemos después porque sentimos que “ya lo arruinamos”.
Cuando una decisión se convierte en todo el día
Imagina que decides “comer súper bien” durante la semana. Llega el miércoles, alguien lleva galletas y te comes una. Hasta ahí, solamente pasó eso: te comiste una galleta. Pero aparece:
“Ya rompí la dieta.”
“Entonces ya qué, me como otra.”
“Hoy ya comí mal, mañana empiezo otra vez.”
Esto se relaciona con el pensamiento de todo o nada: sentir que solo existen dos opciones.
Comí ensalada = lo hice bien. Comí pizza = lo hice mal.
Entrené= fui disciplinada. No entrené = soy floja.
Pero entre hacerlo “perfecto” y hacerlo “fatal” existen muchísimas posibilidades.
No necesitas esperar al lunes
¿Por qué una comida diferente tendría que decidir lo que pasa en las siguientes?
Si comiste postre, tu cena no necesita desaparecer. Si el sábado comiste diferente, no necesitas esperar hasta el lunes. Porque quizá no hay nada que volver a empezar. Solamente hay una siguiente comida.
Además, cuando sentimos que ciertos alimentos están “prohibidos”, puede aparecer la urgencia de pensar:
“Ya que lo estoy comiendo, aprovecho.”
“Hoy sí, porque mañana ya no.”
Y podemos terminar comiendo más, no necesariamente por hambre, sino porque sentimos que después volverá la restricción.
Del “ya qué” al “¿y ahora qué?”
Tal vez no podamos evitar que el pensamiento aparezca, pero podemos aprender a responder diferente.
“Comí más de lo que esperaba. ¿Y ahora qué necesito?”
Quizá simplemente continuar con mi día.
No se trata de que nuestras decisiones no importen, sino de darles el tamaño que realmente tienen.
Una comida no define toda tu alimentación. Un día diferente no borra todo lo anterior. Y salirte de un plan no significa que hayas fallado.
Construir una relación más flexible con la comida también implica entender que no necesitamos hacerlo perfecto para seguir cuidándonos.
Así que, la próxima vez que aparezca el “ya qué”, recuerda:
no necesitas esperar al lunes para volver a empezar, porque quizá nunca dejaste de estar en el camino.
Elaborado por: Arantza Pichel Botello.
Estudiante de Psicología en la Universidad Anáhuac Puebla, con interés en la psicología clínica. Comprometida con el estudio y atención de los TCA, motivada por su complejidad y por la alta prevalencia en la población actual. Cree en que la importancia de promover una relación más compasiva con el cuerpo y la alimentación es base para la salud mental.
Artículo realizado en colaboración con Alimentando Emociones A.C.
Referencias:
Westenhoefer, J., Stunkard, A. J., & Pudel, V. (1999). Validation of the flexible and rigid control dimensions of dietary restraint. International Journal of Eating Disorders, 26(1), 53–64.
Polivy, J., & Herman, C. P. (2017). Restrained eating and food cues: Recent findings and conclusions. Current Obesity Reports, 6(1), 79–85. https://doi.org/10.1007/s13679-017-0243-1
Casari, M. A., Pires, V. P., Pureza, I. M., & Busnello, F. M. (2026). Does restriction lead to binge eating? A scoping review on restrictive diets in the development and maintenance of binge eating disorder. Nutrition Reviews, 84(1), 189–206. https://doi.org/10.1093/nutrit/nuaf163





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