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Un respiro para mi mente

En nuestra vida todos llegamos a tener un sentimiento de cansancio y fatiga, donde tenemos que luchar con nosotros mismos para acabar el día. Nuestro cuerpo nos está rogando por dejarlo descansar, pero lo ignoramos al decir que hay cosas que terminar. Demostramos estar bien para los demás, pero en nuestros ojos, se ve la realidad de un alma agotada, donde lo único que desea es respirar sin tener una preocupación más en la cual pensar. Ponemos a un lado nuestros sentimientos y decimos que una vez que acabemos nos daremos el tiempo, pero este jamás llega. ¿Por qué cada vez que queremos descansar quedamos atrapados en la culpa?.


Todos los días damos lo mejor de nosotros esperando a que sea suficiente, buscamos la forma de dar más sin importar el cómo nos afecta en nuestra vida, y el tiempo libre que nos queda es solo un momento más de esfuerzo. Estamos tan preocupados por las cosas que no hemos logrado que se nos olvide que ya cumplimos con aquello que alguna vez soñamos; buscamos trabajar de más para lucir como personas disciplinadas y con un rendimiento destacado, pero en el fondo lo único que buscamos es simplemente parar y respirar, esperando a que lo que estemos haciendo este a la altura.


Habrá días donde lo único que necesitemos sea dejar de pensar en el mundo y sus demandas, pero ¿cómo lo haremos si nuestra cabeza está en constante movimiento? Vemos cómo nuestro alrededor está lleno de personas que trabajan sin parar y comenzamos a sentirnos culpables por no hacer lo mismo. Poco a poco, nuestros días se vuelven más pesados y rutinarios, hasta que el deber reemplaza al placer. Olvidamos que el verdadero propósito es gozar cada instante y disfrutar de los momentos sencillos que nos traen alegría. No siempre podremos tener la mente motivada, pero para poder seguir adelante, necesitamos de un espacio para despejarnos y recordar el sentido.


En el pasado se nos hizo la idea de que el descansar era una señal de debilidad y pérdida de tiempo, cuando en realidad es una forma de respetar a nuestro cuerpo y escucharlo. Es una pausa, la cual nos permite ser más productivos y con un mayor funcionamiento. No podemos esperar a que esta culpa se nos vaya de un día a otro, pero sí es posible empezar a olvidarla; sintiéndonos cómodos por decidir ponernos primero.


Al principio puedes dudar si lo correcto es descansar, pero pregúntate: ¿cómo te has sentido? ¿Estás cansado todo el tiempo? Quizá tu cuerpo te está dando señales, pero decides ignorarlas; tienes dolores de cabeza constantes, irritabilidad o incluso problemas con el sueño. A veces el cansancio va más allá de necesitar dormir, sino con el carecer de un descanso mental para volver a sentirse pleno. Escucha tu intuición y tómate el día; nadie te va a juzgar si descansas, ya que, como todos, necesitamos de una pausa porque no siempre podemos con todo. Deja atrás los comentarios tóxicos y decide ganar bienestar. Aprende con los siguientes pasos a liberarte de la culpa de descansar para poder disfrutar de un día libre sin remordimiento.   


1.     Elimina las creencias: Para permitirte un día libre, deja atrás los ideales o patrones que te hicieron creer que el descansar era algo negativo. Reconoce que esas ideas vienen de un ambiente distinto y que son solo un reflejo de lo que antes se conocía. Escucha lo que tu cuerpo necesita, priorízate y no le tengas miedo a lo que los demás pueden llegar a pensar.

 

2.     Redefine los aprendizajes: Escribe la primera idea que se te venga a la mente en cuanto a un problema o situación que te provoque culpa al reposar. Analiza de dónde proviene este pensamiento, ¿viene de casa o de algún entorno social? Puede que provenga de tu pasado e inconscientemente ha formado parte de ti. Estúdialo y poco a poco cambia la forma de interpretarlo, viéndolo desde otra perspectiva. Así tendrás la visión completa para sustituir las creencias con una imagen de autocuidado.

 

3.     Pon en práctica lo aprendido: Una vez que puedas reflexionar sobre tus creencias y empieces a cambiarlas, practica tomando pequeñas pausas. Esto ayudará a irte adaptando a una actividad que antes solía ser difícil, pero ahora es un cuidado personal. Observa cómo te sientes y disfruta del momento; aprende a aceptar que muchas veces tu cuerpo pide tranquilidad y ahora se lo estás permitiendo.

 

4.     Haz lo que disfrutas: Ya que te sientas cómodo descansando, identifica aquellos días en los que tu cuerpo se sienta cansado. Muchas veces puede ser tan sencillo al no saber explicar el porqué de tu agotamiento, otras porque no te sientes productivo o no te puedes enfocar. Cuando puedas tomarte el día, haz la actividad que más disfrutes, especialmente algo que te relaje; puede ser una caminata, leer o incluso ver una película.

 

Al principio es difícil lograr dejar estos patrones atrás, pero una vez que nos demos la oportunidad de reflexionar sobre la forma en que pensamos, nos daremos cuenta de muchas cosas y así podremos empezar a cambiar aquellas creencias tóxicas que están presentes en nuestra vida. El darte un descanso es el primer paso para empezar a practicar el autocuidado, algo que, si le prestamos suficiente atención, podremos experimentar el eterno beneficio.


Elaborado por: Jessica Toulet Lang.

Estudiante de 2do de prepa;

futura neuropsicóloga. Apasionada del cerebro y los comportamientos humanos.


Referencias:


Foto de Lum3n
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