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Comida buena, comida mala

¿Alguna de estas frases te suena familiar?: “El azúcar es malo para ti, mejor Stevia”; “Evita las chatarras porque engordan”; “Los chocolates sacan granos”; “Los pepinos son buenos para la dieta”; “Comer limpio te hace bien”. Probablemente, tu respuesta haya sido que sí.


Hoy en día, es común que escuchar este tipo de comentarios de forma cotidiana. A partir de la búsqueda del cuerpo ideal, muchos llegan a preguntarse qué es bueno comer y qué no, llegando a etiquetar la comida.



A primera vista, este tipo de etiquetas pueden no considerarse un problema. En realidad, para muchas personas, esta forma de pensar podría parecerles una manera útil de decidir qué comer y qué no. Por lo tanto, si comen ensaladas, se sienten ligeras y felices; pero si llegan a comerse un brownie se sienten culpables, avergonzadas o gordas. De esta forma, empiezan a involucrarse más y más con las etiquetas, llegando a evitar muchos de los alimentos que las rodean. ¿Te identificas con esta manera de actuar? ¿Qué pasa contigo cuando comes algo que no “deberías” comer?


Realmente, estas creencias provocan sentimientos de culpabilidad al ingerir “comida mala”. Por este motivo, muchas personas pueden llegar a restringir y/o a atracarse de ciertos alimentos prohibidos y luego compensar esas acciones. De esta forma, es común que se lleguen a adoptar hábitos alimentarios perjudiciales, que sabotean la relación con los alimentos y el cuerpo.


Tras esta información, me gustaría proponerte una nueva forma de ver a los alimentos. Sencillamente, se trata de ver a la comida como comida; partiendo del hecho que comer sano incluye ingerir una amplia variedad de alimentos de forma equilibrada. Tal como dice el dicho, “todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar”; toda comida es útil para el cuerpo sabiéndola balancear. Por tanto, si consideras que requieres ayuda para lograrlo, recuerda que estás a tiempo de buscarla. ¡Siempre es buen momento para conseguir tu bienestar!

María Linares

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