Eliminando los malos hábitos
- Centro Neandi

- hace 6 días
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Todos tenemos una rutina que repetimos todos los días, ya sea para despertarnos, hacer actividad física o algo tan simple como prepararnos para dormir. Establecemos estas acciones a través de hábitos que nos ayudan a mantener un orden en nuestra vida; pero, ¿qué tal si te digo que también desarrollamos conductas negativas más fáciles de adoptar que de dejar atrás? Cada uno de nosotros conoce ese hábito que le gustaría cambiar, pero aun con la intención de no volver a repetirlo, volvemos a caer en él, aunque no queramos. Intentamos superarlo varias veces y crear uno nuevo, recibiendo comentarios como “solo deja de hacerlo”, pero aun poniendo la disciplina necesaria, llegamos a la duda de por qué resulta tan difícil.
La mayoría de las veces, los malos hábitos forman parte de nuestro día a día, por lo que suelen pasar desapercibidos. Los normalizamos y dejamos de cuestionarlos hasta que, con el tiempo, comienzan a volverse más perjudiciales. Tomemos a las bacterias como referencia; gracias a ellas podemos absorber nutrientes o mejorar la digestión, pero también pueden causarnos infecciones. Creemos que surgen de un día para otro, cuando en realidad siempre han estado ahí; lo que cambia es que nuestro cuerpo ya no logra mantener el equilibrio. Los hábitos funcionan de manera similar. Aunque la mayoría cumple una función positiva, existen algunos dañinos que suelen permanecer ocultos, esperando una respuesta de nuestro cuerpo, como el estrés o el cansancio, para activarse sin que seamos conscientes de ello. Es entonces cuando empezamos a repetirlos de forma automática y, al intentar soltarlos, descubrimos que resulta ser más difícil de lo que imaginábamos.
Inconscientemente, un mal hábito se queda con nosotros cuando encontramos un resultado inmediato o una satisfacción positiva al repetirlo, sin tener que esperar para obtener un beneficio que normalmente tomaría tiempo alcanzar. Procrastinar es el ejemplo perfecto; aunque sabemos que es engañoso y negativo a largo plazo, seguimos haciéndolo porque nuestro cerebro conserva la sensación de que nos sentiremos aliviados por un momento y que habrá tiempo para hacerlo después, lo que termina generando más estrés del que creíamos evitar.
Existen muchos otros hábitos que nos hacen creer que estamos actuando de la manera correcta, cuando en realidad funcionan como excusas para no afrontar las decisiones difíciles; desde evitar conversaciones incómodas hasta decir que sí, cuando en el fondo queremos decir no. Quizás las decisiones que tomamos no son errores, sino atajos hacia aquello que necesitamos aprender, pero que no queremos esperar.
Encontrar el equilibrio entre corregir un mal hábito y adquirir uno nuevo puede ser un desafío, considerando que nuestro cerebro puede buscar de inmediato la opción más fácil en lugar de la mejor. Deshacerse de ese proceso es como empezar a hacer ejercicio: al principio será difícil e intentaremos rendirnos, pero a medida que lo hagamos con más constancia, notaremos los cambios positivos en nuestro cuerpo y en nuestra energía. Quizás pensamos que cuanto más rápido logremos las cosas, más tiempo tendremos para hacer otras actividades, pero tomar atajos no siempre significa que obtendremos el mejor camino. Cuando aprendamos a ver cómo estos malos hábitos interfieren en nuestras vidas, comprenderemos que esforzarnos por mantener uno bueno vale más que conformarnos con uno que nos cause daño.
Recuerda que el cambiar un hábito no ocurre de la noche a la mañana; es algo que tienes que reforzar cada día e irte adaptando poco a poco. Es un beneficio que tu cuerpo agradecerá y que tú podrás sentir; pero, sobre todo, será un cambio que te ayudará a prestar atención sobre lo que está pasando en tu vida y qué quieres cambiar en ella. Ten en mente que un mal hábito no deja de existir, sino que se transforma en uno mejor. Aquí hay algunos ejemplos sobre cómo sustituir un hábito por otro.
1. En lugar de morderte las uñas, busca un objeto físico para aliviar tu estrés, así ya no tendrás la necesidad de descargar tu ansiedad de forma dañina.
2. En lugar de procrastinar, averigua la mejor forma en la que puedas ser productivo, sea dividiendo tareas por partes o seleccionando cuál es la más importante. Esto te permitirá avanzar y olvidar el impulso de dejarlo para después.
3. En lugar de escuchar tus pensamientos negativos, toma una pausa para analizar lo que estás sintiendo y cuestiona si solo son un truco de tu mente para hacerte dudar de ti mismo o una señal de que necesitas ser más amable contigo.
4. En lugar de justificar el desvelo como productividad, establece una hora para dormir, manteniendo un margen flexible de 15-20 minutos; esto te orientará a terminar tu trabajo antes de la hora establecida.
5. En lugar de responder que sí por temor a decepcionar, encuentra palabras o frases que te ayuden a tomar el control ante la situación, como “déjame pensarlo” o “te confirmo después”.
6. En lugar de rendirte al primer bloqueo, reconoce el avance que has tenido y recuerda que cualquier camino atraviesa una etapa difícil. Pausa un momento y reduce la intensidad para evitar abandonar tu progreso.
Trabajar en construir nuevos hábitos requiere navegar dentro de tu conciencia; no esperes que un cambio empiece sin saber cuál es la situación por alterar. Empieza por estar contigo mismo, reflexionando en lo que te gustaría cambiar para así saber por dónde iniciar. Un hábito negativo no desaparece de un día a otro; no se trata de hacerlo perfecto, sino de ser consistente y elegir una forma de avanzar para transformar tu vida.
Elaborado por: Jessica Toulet Lang.
Estudiante de 2do de prepa;
futura neuropsicóloga. Apasionada del cerebro y los comportamientos humanos.
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