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El diario de Sofía: Una vela

Escribo, borro, escribo. Mi mente es una madeja de adornos navideños olvidados en algún rincón. Quieren salir, pero no encuentran por dónde empezar. "Define tu propósito", diría cualquier escritor. Yo no tengo propósito, la madeja de adornos no tiene propósito. Este es mi propósito, comunicar que a veces nos quedamos en blanco también, y es normal. Pienso en mis relaciones y cómo se han transformado en este último año ¿por qué siento que perdí tanto?

 

Hay un vacío inmenso, eso es lo que siento, es un hueco que se creó en la infancia y a donde se van todas las relaciones perdidas. Separaciones, digamos. Amistades que ya no son, noviazgos que no duraron o nunca fueron, matrimonios que se rompieron, hijos que dejaron el hogar. Uno de mis libros favoritos de pequeña era "El agujero negro" de Alicia Molina. Podía leerlo y releerlo: trataba sobre una niña que encontraba un día a unos duendes, que tenían un agujero negro en donde guardaban todas las cosas que ella había perdido.

 

Hoy busco a esos duendes, ¿a dónde se llevan a mis personas perdidas? Me muestran este hueco. No voy a entrar, les digo, ¿qué tal que no vuelvo? ¿y Rima? – mi perra me necesita. Este cuerpo me necesita, si me voy por ahí ¿quién me va a alimentar? Y el agujero se acerca, me invita a ser devorada. Yo no sé, es tentador. Prendo una vela, alumbro el túnel que se abre frente a mí. Hay oscuridades que es importante recorrer, hay oscuridades que nos pueden destruir, ¿cómo reconocer la diferencia?

 

 



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