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EL DIARIO DE SOFÍA: La casa

“Sentir que el mundo es nuestro hogar” respondió ese día el sujeto al que yo entrevistaba para un documental. Un documental que nunca vio la luz, pero sí que vio la oscuridad. La pregunta no la recuerdo, pues sólo he dado un vistazo una que otra vez a la versión editada, en la que la voz del entrevistador desaparece. Supongo que hablaba del derecho que tenemos como seres vivos que habitan esta tierra, como humanos ¿sentimos que el mundo es nuestro hogar? Bueno, este ideal sí que pone la vara muy alta, pues el mundo es enorme, y tal vez al salir de los confines conocidos, instantáneamente nos empezamos a sentir fuera de casa. Pero ¿cuándo sí nos sentimos en casa? ¿Y qué es sentirse en casa?


La psicología formula que lo que nos es familiar y cómodo no necesariamente es bueno, pues si de pequeños, cuando se integra nuestra noción de casa, vivimos abuso o agresiones, peligros o inestabilidad, regresar a casa en realidad supone algo nocivo. ¿Es el mundo una casa o una amenaza? ¿Y es nuestra casa una amenaza?


En la vida, las cosas se ven no en blancos o negros, sino en grises, y todos los colores. Y sabores. A veces el mundo es agrio, a veces dulce y a veces una hipnotizante agridulce combinación. Qué tanto podemos vivir y estar presentes en este mundo, depende de nuestra mente: ¿de dónde venimos y desde dónde vivimos ese mundo? ¿Es nuestra mente una casa o una amenaza? Con un TCA es una amenaza, con una adicción es una amenaza, pero con nuestro corazón latiendo, y una visión estable hacia la salud, puede ser una casa, un santuario de diversidad y belleza. Éste, el santuario, nunca se tiene, se construye. Y nunca se pierde del todo, se regenera. Así la vida de recuperación, así nos recuperamos de la infancia, del ayer, de aquella casa.




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