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EL DIARIO DE SOFÍA: COVID 19



El encierro se respira más difícil cada día. O te asfixias de COVID o te asfixias de estar encerrada.


En si la pandemia me ha ayudado a mi tratamiento de recuperación. A tener introspección y trabajo interno.


Sin embargo, como pasó, me aislé. Uno de los indicadores de depresión ha sido siempre el encerrarme y alejarme. Esta vez fue por causas ajenas a mí.


Quiero volver al mundo en dónde no sólo se trate de mi esposo, de mi hija y del trabajo. Quiero mi espacio para ser quien soy, sin responsabilidades ni juicios ajenos.


Odio mucho el COVID, pues no sólo nos ha dejado sin interacción social; lo odio porque se llevó a mis tías, mis ángeles de la guarda. Lo odio porque me hace estar en cintas de estrés, ese estrés que suena como música de fondo, estando al acecho.


Pues nada, le dio COVID a mi hija y moría de preocupación. Todos me juzgaron de exagerada, pero nadie me preguntó "¿qué sientes?”. Aunque me duela, creo que he aprendido que sólo yo sentiré lo que es ser madre en las buenas y en las malas. Porque todos opinan, pero nadie entiende lo que sientes.


Me dio COVID y me emocioné. Creí que de esa forma conectaría con mis tías, que no las extrañaría tanto, que sería empática y sabría que sintieron antes de morir. Si les dolió, si tuvieron miedo, si se fueron tranquilas.


Pero no, el COVID no me regresó un cacho de ellas, ni me hizo poder abrazarlas.

Supongo que están en mí, no en un virus, más bien es mi mente.


Daría lo que fuera por poder abrazarlas.

Extrañar te hace humano y está bien, no pasa nada.


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