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Ejercicio y movimiento placentero

¿Cuántas veces hemos escuchado que hay que hacer ejercicio por todos sus beneficios?


Eso no está en duda, sin embargo, es una realidad que para muchas de nosotras, a pesar de todos los beneficios de salud con los que se asocian, hacer ejercicio no es una tarea fácil.


El término “ejercicio” lo hemos asociado a “tener que”, a dieta, a bajar de peso. Es hacer mínimo una cierta cantidad de tiempo (ej: 1 hora) porque si no, no funciona. Es contar calorías, distancia o tiempo, y que si no duele no sirve. Para muchas también implica ponerse ropa que no necesariamente encuentran en su talla o con la que no se sienten cómodas por lo ajustada que es. Es enfrentarse a ir a un gimnasio donde no te sientes cómoda con tu cuerpo, donde te sientes observada, juzgada y quizás más presionada a tener que modificarlo. También, se relaciona con el castigo cuando comes algo prohibido. Es sentir que lo hiciste muy bien sólo si acabas escurriendo en sudor.


Pero, ¿esta es la única manera como podemos verlo?


Existe un concepto distinto; movimiento placentero. Es buscar la manera de moverte todos los días, caminar, correr, bailar, saltar, pilates, subir escaleras, yoga, lo que más disfrutes. Es poner atención en cómo te sientes durante el día, en qué cambios generará en ti cada que te mueves. Es dejar de obsesionarnos con las calorías quemadas, los pasos, el tiempo o la distancia. Es desvincularlo con la pérdida de peso y verlo como una de las prácticas de autocuidado ya que aumenta la resistencia ósea, reduce la presión sanguínea, ayuda a regular el ciclo del sueño entre muchos beneficios. Es darte cuenta de lo que tu cuerpo es capaz.


Elaborado por Tania Rodríguez




Photo by MART PRODUCTION

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