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EL DIARIO DE SOFÍA: Silencio



No he tenido ganas de escribir.


No he tenido ganas de hablar.


Silencio.


Pareciera que el silencio puede brindar paz y oportunidad de autoconocimiento, sin embargo, el silencio también puede ser evitativo.


¿Por qué no quiero hablar? Porque al enunciarlo se vuelve real y conlleva muchas emociones y responsabilidades.


Me han enseñado desde pequeña a callar. Poco a poco fui aprendiendo a hablar, pero me hice la responsable de mi familia, de hablar los problemas para resolverlos, lo cual también fue cansado porque yo sólo soy la hija, no la cabeza de familia.


Después aprendí otra vez a callar por miedo a que el papá de mi hija me agrediera verbal, psicológica y físicamente.


Hoy poco a poco empiezo a hablar y no español, más bien el idioma de las emociones, el cual es más complejo y completo que el mismo japonés.


Hablar significa enfrentar, sentir, aceptar, resolver y dejar ir aquello que te lastimó.


El silencio es disfrutable cuando no es una imposición que te calles, es disfrutable cuando es una elección para un análisis de tu persona, de tu ser y estar en el mundo.


Dicen que hablando se entiende la gente. Yo digo que no siempre. Pero hablando si puedes empezar a entenderte a ti y a tus emociones, haciéndote por consecuencia responsable de las mismas.


El silencio también comunica, depende de nosotras si queremos escucharlo.


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