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El Diario de Sofía: Carrusel

‘Atrapen al narcisista’, se llama este juego. Se trata de pasar temporadas completas en vueltas mentales pensando en si alguien, varios, algunos, o tú misma eres, son, serán narcisistas. No es muy divertido, puede ser entretenido por un rato, pero pronto se vuelve agotador, porque parece no tener fin, no hay casilla de llegada. Como en un carrusel: después de un rato a cualquiera le aturde la música de la rueda mecánica y sus caballitos.


¿Les paso mis veredictos o no tiene mucho caso? Bueno, ni conocen a las personas que me he puesto a examinar. Ni a mí me conocen, ni a nadie a mi alrededor, así que creo que no tiene mucho caso.


Pero, ¿por qué me subí al carrusel? Creo que simplemente porque tengo miedo. Tengo miedo de la posibilidad de ser abusada o abusar, miedo de que terminemos entramados en complejas relaciones sociales en las que no logramos ver, empatizar, o sentir con el otro, y sólo actuamos en nuestro propio beneficio. Además, y peor tantito, un beneficio que se determina al gusto de cada quién. Así, alguien que siente placer en ganar todas las peleas, se enfocará en esto y no en un beneficio común. Alguien que no es capaz de aceptar un límite, se enfocará en atropellar al otro y no en una negociación. Alguien que goza o cree importante ejercer cierto tipo de violencia verbal o física sobre otros que no siguen sus parámetros, deseos y gustos, lo hará sin pensar en un beneficio más allá que su propio gozo, victoria, o temporal desahogo. ¿Sí está peligroso, no?


Ahora, si yo fuera narcisista, pues… no me estaría exponiendo así, ¿verdad? O… ¿tal vez sí?, ¿en un macabro uso de mecanismos sutiles, para tener la confianza de mis “víctimas”, me hago abiertamente la pregunta?. (Me van a correr de mi trabajo si me leen escribiendo esto). Me pregunto ¿cómo será el tren de pensamientos de un narcisista?… y si yo lo soy, bueno, no tengo que voltear a preguntármelo mucho más.


A ver, me dirán, ¿por qué sospechas que eres narcisista? Bueno, tengo cierta inclinación a que me importe lo que piensan los demás, en el sentido de sentirme rechazada fácilmente. También me angustia sentirme abandonada, y por lo tanto soy capaz de fabricar maneras de llamar la atención. Como no me gusta el rechazo y el abandono, soy capaz de ¿manipular? con mis sentimientos. Pero… pero… sí que me siento realmente triste. Y ahí empieza la rueda. Las características que menciono en este párrafo son también rasgos de personalidad de alguien que tiene CPTSD (síndrome de estrés postraumático complejo); si yo lo tengo, no lo sé. Ahora bien, si justifico lo anterior diciendo que me comporto de cierta manera “porque tengo CPTSD” caigo en, aún otro, comportamiento narcisista: la posición de víctima. Aunque alguien que sufrió trauma en la infancia fue realmente víctima. ¿Fui víctima o sólo siento que fui víctima? A ver ya, ¿quién tiene el botón de apagado de este carrusel?




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