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DIARIO DE SOFÍA. Una nueva historia





"Y ahora sé que quien es dueño de su voluntad y posee una inteligencia poderosa consigue fácilmente imponerse a los demás hombres; que el más osado es el que más razón tiene a los ojos ajenos; que quien desafía a los hombres y los desprecia conquista su respeto y llega a ser su legislador. "

Fiódor Dostoyevski

Crimen y castigo


Y es que a veces dicen que solo se trata de voluntad. A veces te dicen "querer es poder" cómo frase motivadora para que hagas las cosas "bien".


Se habla de voluntad, de inteligencia, de razón, de conquista e imposición, como si fuesen atributos que te llevarán a ser o estar mejor, o en este caso a recuperarte. Pero ¿en donde quedan los sentimientos?.


Todos dicen que para recuperarte solo hace falta lo anterior. Tener voluntad frente a los alimentos, frente a las conductas nocivas, claro, la voluntad es necesaria, pero se olvida que también se ha utilizado la voluntad para autodestruirnos, para mantenernos en la enfermedad.


Entonces si la voluntad no basta para recuperarse, ¿qué si?


Sentir.


Quizá sea fácil, o quizá suena vago. Quizá no suene elocuente, pero no es sino hasta que empiezas este camino cuando te das cuenta que realmente la recuperación gira entorno a los sentimientos y… ¿Los sentimientos pueden sublimarse a la voluntad?


Para nada, los sentimientos no se controlan, cómo la comida por ejemplo, los sentimientos se sienten y se dejan fluir, sin juzgarlos, sin invalidarlos, solo sintiéndolos. No hay voluntad, razón o inteligencia humana que los elimine. Tarde o temprano emergen a la luz, y a veces más tarde que temprano.


La única forma de sublimar los sentimientos es deshumanizándote, y hoy no creo que valga la pena.


"Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno" dice un filósofo griego y yo le creo como buena humanista que soy. No creo que valga la pena renunciar a ser/ sentirse humano por ideales sociales imposibles de alcanzar.


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